viernes, 14 de mayo de 2010

¿Cómo vivir con una familia que no te registra?

No sentimos todas eso alguna vez?
Resulta que vos atendés a tu marido y a tus hijos hasta el más mínimo detalle. Estás a su servicio: sos buena compañera, atenta, hacendosa, te interesás en sus asuntos. Solés ser su primer fan en todo lo que emprenden pero cuando te toca a vos... resulta que estás sola.
Nadie te elogia tu esfuerzo por aprender un idioma a éstas alturas, nadie se sorprende porque le organizás la fiesta de cumpleaños a todos, a ninguno se le ocurre invitarte a cenar o a tomar un café (vos sos siempre la promotora de los encuentros). Tu marido está incapacitado para el romance entonces jamás te compra ni un ramito de flores. Tal vez después de siglos de estar casados alguna vez te invita a cenar en un aniversario.
Tus hijos jamás tienen la iniciativa de llamarte o invitarte a compartir alguna actividad.
Es en ésta situación en la que me digo: está bien, cuidé todos esos detalles por amor, no por obligación. No lo hice pensando en recompensas y disfruté cuidando a mi marido y a mi familia pero llega ésta edad y .... me dan ganas de que me mimen también a mí.
De recibir pequeños agasajos cada tanto. Ya ni sueño con que mi marido invente una escapada "romántica" a algún lugar lindo. Ya ni se me ocurre que puedo programar una visita a algún museo con alguno de mis hijos (que no son pocos...) pero algo... ¡algo! se les podría ocurrir, no?

sábado, 1 de mayo de 2010

Y feliz día mujeres, trabajadoras incansables, sostenedoras inclaudicables de la vida.
Siguiendo con lo de los 20 años... no es que tenga envidia a las veinteañeras. Tal vez me den más ganas las de treinta casi cuarenta por la potencialidad de lo que pueden vivir y hacer.
Para esa etapa una ya es dueña de su vida y puede tomar el toro por las astas y llevarlo adonde quiera. Todavía está a tiempo de modelar el cuerpo de su vejez, si hace dieta el cuerpo le responde, es una bomba sexual (con uso o sin él pero bomba al fin), está a punto de llegar a su plenitud. Si una logra avivarse a tiempo, ya le ganó varias carreras a la vida.
Hora de ser plenas, de disfrutar de los hijos, la profesión o el trabajo, las amigas. Hora de liberarse de temores juveniles y darse cuenta de que la vida es todo el tiempo aquí y ahora.
Disfrutar del día a día: la posibilidad de pasear al sol, la decoración de una vidriera, tus hijos contándote sus proyectos y problemas, tu pareja tirándote buena onda, tus viejos (que todavía están ahí), un café con una amiga, probarte una pilcha hermosa de un negocio sólo por ver cómo te queda, gozar la arquitectura que te ofrece la ventanilla del colectivo. No sé, cada una puede encontrar esa belleza a cualquier edad pero generalmente nos avivamos más tarde cuando lo que verdaderamente empieza a importar son, como en aquella vieja canción, la salud, el amor y el dinero.