sábado, 1 de mayo de 2010

Siguiendo con lo de los 20 años... no es que tenga envidia a las veinteañeras. Tal vez me den más ganas las de treinta casi cuarenta por la potencialidad de lo que pueden vivir y hacer.
Para esa etapa una ya es dueña de su vida y puede tomar el toro por las astas y llevarlo adonde quiera. Todavía está a tiempo de modelar el cuerpo de su vejez, si hace dieta el cuerpo le responde, es una bomba sexual (con uso o sin él pero bomba al fin), está a punto de llegar a su plenitud. Si una logra avivarse a tiempo, ya le ganó varias carreras a la vida.
Hora de ser plenas, de disfrutar de los hijos, la profesión o el trabajo, las amigas. Hora de liberarse de temores juveniles y darse cuenta de que la vida es todo el tiempo aquí y ahora.
Disfrutar del día a día: la posibilidad de pasear al sol, la decoración de una vidriera, tus hijos contándote sus proyectos y problemas, tu pareja tirándote buena onda, tus viejos (que todavía están ahí), un café con una amiga, probarte una pilcha hermosa de un negocio sólo por ver cómo te queda, gozar la arquitectura que te ofrece la ventanilla del colectivo. No sé, cada una puede encontrar esa belleza a cualquier edad pero generalmente nos avivamos más tarde cuando lo que verdaderamente empieza a importar son, como en aquella vieja canción, la salud, el amor y el dinero.

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